Cuando se habla del puerto de Chancay y del desarrollo de los puertos peruanos, la mayoría de los análisis se concentran en la infraestructura, la inversión, la conectividad o el crecimiento del comercio con Asia. Sin embargo, existe una variable que pocas veces se incorpora al debate y que podría transformar profundamente el futuro del transporte marítimo mundial: el cambio climático.
He asistido a conferencias, escuchado entrevistas y leído
numerosos informes sobre desarrollo portuario. Muchos contienen análisis
valiosos, pero no he encontrado una reflexión sobre cómo el cambio climático
podría modificar las rutas marítimas y, con ello, el valor estratégico de
determinados puertos.
Un Atlántico que podría cambiar
El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC)
advierte que, durante este siglo, la Circulación Meridional de Retorno del
Atlántico (AMOC) continuará debilitándose como consecuencia del deshielo
acelerado de Groenlandia y del Ártico, del aumento del aporte de agua dulce al
Atlántico Norte y la reducción de la salinidad, entre otros factores.
Aunque este fenómeno puede verse lejos, sus efectos podrían
sentirse en el transporte marítimo internacional. Entre las principales
consecuencias destacan:
- Cambios
en los tiempos de navegación.
- Variaciones
en el consumo de combustible.
- Mayor
incertidumbre meteorológica para la planificación de las travesías.
- Reconfiguración
progresiva de algunos corredores logísticos internacionales.
El Canal de Panamá también enfrenta desafíos
A ello se suma otro aspecto. El calentamiento global está
alterando el ciclo hidrológico, aumentando la frecuencia e intensidad de las
sequías en diversas regiones del planeta.
En Centroamérica, los estudios proyectan una mayor
variabilidad de las precipitaciones, temporadas secas más prolongadas, un
incremento de la evaporación y una menor recarga de los embalses.
¿Por qué esto es importante? Porque el Canal de Panamá
depende del agua dulce para operar sus esclusas. Si bien el canal seguirá
funcionando, una menor disponibilidad de agua podría traducirse en
restricciones operativas, reducción del número de tránsitos diarios, mayores
tiempos de espera y un incremento de los costos logísticos para el comercio
internacional.
Una nueva oportunidad para el Pacífico
Si en las próximas décadas coinciden un Atlántico con
mayores desafíos operativos y un Canal de Panamá sometido a restricciones cada
vez más frecuentes, es razonable pensar que parte del comercio marítimo buscará
rutas más competitivas y resilientes.
En ese escenario, los puertos del océano Pacífico adquirirán
una importancia estratégica aún mayor para conectar Sudamérica con Asia y con
la costa occidental del continente americano.
¿Qué significa esto para el Perú?
Esta es, probablemente, la pregunta más importante.
Los puertos peruanos no deben ser vistos únicamente como
infraestructura destinada a mejorar nuestras exportaciones e importaciones.
También deben entenderse como activos estratégicos de alcance regional, capaces
de desempeñar un papel clave en la futura configuración del comercio marítimo
internacional.
Si el cambio climático modifica progresivamente las
condiciones de navegación y la competitividad de las rutas tradicionales, el
Perú podría convertirse en uno de los principales puntos de conexión entre
América del Sur y el Asia-Pacífico.
Más que una oportunidad comercial, se trata de una
oportunidad a un mediano y largo plazo. Aprovecharla requerirá planificación de
largo plazo, inversiones sostenidas en infraestructura, conectividad terrestre
y ferroviaria, modernización logística y, sobre todo, una política marítima
nacional que incorpore el cambio climático como una variable estratégica para
el desarrollo del país.
Quizá el verdadero valor de Chancay y de los puertos
peruanos no radique únicamente en el comercio que pueden mover hoy, sino en el
papel que podrían desempeñar en el nuevo mapa del transporte marítimo mundial
que comenzará a dibujarse en las próximas décadas.
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