El historiador Manuel Burga señala que, una de las razones fundamentales para estudiar la historia es para reconocernos a nosotros mismos y fortalecer nuestra identidad; si no conocemos nuestro pasado, no sabemos de qué debemos sentirnos orgullosos. Esta reflexión invita a revisar con serenidad cómo hemos construido u olvidado nuestra memoria colectiva.
La historia marítima mercante del Perú constituye un
capítulo especialmente significativo de nuestro pasado. Desde sus inicios, el
comercio por mar no solo fue un medio de intercambio económico, sino también un
espacio de articulación cultural y desarrollo. Sin embargo, en la narrativa
tradicional, la dimensión marítima suele asociarse principalmente al ámbito
militar (como lo hemos indicado en otros comentarios), dejando en segundo plano
la importancia histórica del comercio marítimo.
Resulta particularmente interesante que el primer registro, escrito, vinculado a lo que hoy es el territorio peruano esté relacionado precisamente con una actividad comercial marítima. En 1525, Bartolomé Ruiz, en la avanzada encomendada por Francisco Pizarro, se encontró en alta mar con la conocida Balsa Tumbesina. Cronistas como Xérex y Cieza, la publicación de Sámano, así historiadores como José Antonio del Busto, Prescott, Oviedo, entre otros, relatan el episodio:
“(...) reconocieron en alta mar venia una vela latina de gran bulto que creyeron ser carabela, cosa que tuvieron por muy extraña, y como no parase el navío se reconoció ser balsa (...)”
En aquella embarcación viajaban aproximadamente veinte
personas que transportaban oro, plata, esmeraldas, conchas espondylus y una
balanza para realizar transacciones. Se trataba de mercaderes marítimos de
estas latitudes, hombres de mar dedicados al intercambio y a la navegación
comercial.
Este episodio, ampliamente citado por la historiografía,
ofrece un elemento de reflexión relevante: la primera evidencia escrita
vinculada a la historia del Perú se relaciona con el comercio marítimo. Este
hecho no pretende establecer jerarquías entre actividades o instituciones, pero
sí invita a reconocer la importancia histórica del ámbito mercante dentro de la
construcción nacional.
Recuperar y valorar esta dimensión de nuestra historia puede
contribuir a una comprensión más integral de nuestro desarrollo como país.
Reconocer el papel del comercio marítimo en los orígenes documentados del Perú
no es un gesto sectorial, sino una oportunidad para enriquecer nuestra memoria
colectiva y ampliar la mirada sobre nuestra identidad marítima.
Los Marinos
Mercantes peruanos debemos sentirnos orgullosos de que: la primera evidencia,
escrita en nuestro idioma, de la historia del Perú está relacionada a nuestra actividad,
y no habrá ninguna ley, ninguna institución ajena a nuestra profesión que nos
quite esta memoria.
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