Una de estas incoherencias se observaría en la
administración de la Escuela Nacional de Marina Mercante (ENAMM), actualmente
adscrita al Ministerio de Defensa y dirigida por la Marina de Guerra del Perú.
En el Decreto Legislativo 1138, Capítulo II, Artículo 4, sobre
las funciones del Alto Mando de la Marina de Guerra del Perú, en el inciso 37 se indica:
Dotar del personal naval a los órganos de
dirección y planta académica a la Escuela Nacional de Marina Mercante “Almirante
Miguel Grau”, a fin transmitir al personal en formación, valores éticos,
morales y disciplinarios, alienados a la Marina de Guerra del Perú, por ser
parte de la reserva naval
Este artículo normativo debe ser objeto de una evaluación
más profunda. En primer lugar, la profesión del marino mercante está
principalmente vinculada al desarrollo económico y marítimo del país, más que a
la defensa militar. En ese sentido, se debe considerar que su
dirección y administración deben recaer en profesionales de la propia Marina
Mercante.
Asimismo, el argumento de garantizar valores éticos, morales
y disciplinarios alineados con la Marina de Guerra, por ser parte de la
reserva, podría resultar debatible, ya que dichos valores también pueden ser
promovidos desde una institucionalidad civil. Además, en situaciones de
emergencia nacional —como desastres o conflictos— la Marina Mercante estaría
sujeta a la Ley de Movilización, lo que ya establece un marco de articulación
con la defensa nacional.
Por otro lado, sostener que la formación debe alinearse
exclusivamente a valores institucionales de la Marina de Guerra también podría
abrir un debate sobre la identidad profesional del marino mercante, quien
debería responder, ante todo, a los valores y necesidades del Perú.
Es importante señalar que la gran mayoría de oficiales de la
Marina de Guerra del Perú son personas honestas y comprometidas con el
desarrollo nacional. Sin embargo, como en cualquier institución, podrían
presentarse casos individuales cuestionados por el sistema judicial o por la
opinión pública, lo que demostraría que los valores institucionales no dependen
únicamente de una estructura organizativa específica.
Por ello, debemos plantear la conveniencia para que la
administración de la ENAMM esté a cargo de profesionales de la Marina Mercante.
La permanencia de la escuela en el sector Defensa no necesariamente respondería
a una voluntad institucional de la Marina de Guerra, sino que también se
explica por la limitada acción o a la pobre articulación de los propios
profesionales de la Marina Mercante.
En ese sentido, el debate no debería plantearse en oposición
a la Marina de Guerra —institución histórica y respetada—, sino como una
reflexión orientada a fortalecer el liderazgo de los profesionales mercantes en
la conducción de su propia ALMA MATER.
A los profesionales de la Marina Mercante, es tiempo de salir del "statu quo", no solo basta tener un
buen puesto laboral y un buen sueldo, es necesario ir por la dirección de NUESTRA
ALMA MATER.

