Hablar de nuestra alma mater es hablar de las personas con quienes compartimos momentos fundamentales de nuestra formación personal y profesional. Es recordar aquella juventud llena de sueños, esperanzas y ganas de conquistar el mundo; aquellos días en los que imaginábamos cómo alcanzaríamos nuestros objetivos y construiríamos nuestro futuro.
Nuestra alma mater no es solo el lugar donde estudiamos. Es
el espacio donde nacieron amistades, se forjaron valores y se vivieron
experiencias que nos acompañarán toda la vida. Hablar de ella es hablar de una
parte esencial de nuestra historia y de nuestra identidad.
En esta oportunidad quiero referirme a mi Alma Mater, la
Escuela Nacional de Marina Mercante del Perú, institución donde me formé
profesionalmente y donde obtuve las herramientas que me permitieron
desarrollarme y crecer en la vida. Y precisamente por ese profundo sentido de
pertenencia, considero necesario expresar una preocupación que muchos egresados
compartimos.
Han pasado más de 40 años desde mi egreso y,
lamentablemente, percibo que la ENAMM atravesaría una situación que necesitaría
ser revisada y fortalecida para recuperar plenamente su esencia y su propósito
institucional.
Una institución civil bajo conducción militar
La ENAMM se encuentra bajo la dirección y administración de
la Marina de Guerra del Perú, bajo una normativa de adscripción al Ministerio
de Defensa. Sin embargo, esta situación merece una profunda reflexión por
diversas razones.
1. Falta de continuidad en la gestión
La dirección de la escuela suele recaer en oficiales de la
Marina de Guerra que son rotados periódicamente, muchas veces cada uno o dos
años. Esta constante rotación impide desarrollar políticas institucionales de
largo plazo y afecta seriamente la continuidad de los proyectos académicos y
administrativos.
Además, la falta de permanencia en la dirección terminaría
otorgando un poder excesivo al personal administrativo estable, situación que podría
generar decisiones alejadas de los verdaderos objetivos académicos y formativos
de la institución.
La Marina de Guerra debe entender que, por aún, tener las
mejores intenciones están en un lugar que NO LES PERTENECE.
2. Una conducción académica debe responder a criterios
universitarios
Más allá de las buenas intenciones que pueda tener cualquier
oficial designado, la conducción de una institución de educación superior
requiere un perfil académico específico. En muchas ocasiones, quienes asumen la
dirección no cuentan con el grado de doctor, requisito fundamental en universidades.
La formación de un oficial naval está orientada naturalmente
al ámbito militar, no necesariamente a la gestión académica de una escuela
profesional civil especializada en el sector marítimo mercante.
3. La Marina Mercante forma profesionales civiles
La ENAMM fue creada para formar profesionales civiles
dedicados al comercio marítimo y al desarrollo del sector mercante nacional e
internacional. No es una escuela militar.
Sin embargo, con el tiempo, la formación puede verse
distorsionada al intentar proyectar una identidad militar sobre cadetes que, en
esencia, pertenecen al ámbito civil. La disciplina es necesaria, sin duda, pero
ello no debe confundirse con militarización.
La Marina Mercante tiene su propia identidad, cultura y
objetivos profesionales, y esa esencia debe preservarse.
4. El problema no es la imagen, sino la esencia
institucional
Es cierto que la Marina de Guerra ha sabido desarrollar una
imagen institucional sólida y campañas de promoción efectivas alrededor de la
ENAMM. Pero el debate de fondo no debería centrarse en el marketing o en la
percepción pública.
La verdadera discusión es institucional: la Escuela Nacional
de Marina Mercante pertenece al ámbito de la formación profesional civil. Su
conducción debería responder prioritariamente a los intereses académicos,
técnicos y profesionales del sector mercante, preservando su autonomía e
identidad.
Recuperar el rumbo
Quienes pasamos por las aulas de la ENAMM no hablamos desde
el resentimiento ni desde la confrontación. Hablamos desde el cariño, el
respeto y el profundo sentido de pertenencia hacia una institución que marcó
nuestras vidas.
Precisamente por eso, creemos que es momento de abrir un
debate serio y responsable sobre el futuro de la escuela, pensando siempre en
las nuevas generaciones de marinos mercantes y en el fortalecimiento de una
institución que merece recuperar plenamente su verdadera esencia.
En los últimos tiempos, además, la escuela se ha visto
rodeada de diversos rumores que, de alguna manera, merecerían ser esclarecidos.
Entre ellos, se comenta sobre posible doble contratación de personal. Si bien
la modalidad contractual utilizada podría no configurar necesariamente un
delito, sí deja abierta una seria discusión ética cuando una persona que ya
ocupa un cargo recibe pagos adicionales por actividades que podrían estar vinculadas
a las funciones que ya desempeña dentro de la Escuela. Así también, otros
casos comentados dentro de los pasillos de la ENAMM que de confirmarse
formarían denuncias preocupantes, tema del que se tratará oportunamente.
Finalmente, a la Marina de Guerra del Perú, que hoy tiene a
cargo la dirección y administración de la Escuela Nacional de Marina Mercante
del Perú, solo recordarles algo fundamental: el verdadero éxito de la
ENAMM depende de los MARINOS MERCANTES
Son los propios marinos mercantes quienes brindan
oportunidades de embarque para las prácticas profesionales de los cadetes,
permitiéndoles obtener sus títulos de competencia y culminar efectivamente su
formación. Sin ese apoyo permanente del sector mercante, la escuela
difícilmente podría alcanzar plenamente sus objetivos.
Sin embargo, quizá esa realidad aún no genera el peso que
debería, porque los marinos mercantes todavía no hemos logrado construir una
verdadera unión que permita hacer sentir nuestra importancia y nuestro rol
gravitante dentro del futuro de nuestra propia Escuela, y de nuestra propia
carrera.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario