Una vez más, queda claro que vivimos de espaldas al mar. Y esto no es solo un tema cultural, sino también político. En estas elecciones generales, preocupa que ningún candidato haya puesto sobre la mesa propuestas concretas para aprovechar nuestro mar, pese a todo su potencial en alimentación, economía, identidad y desarrollo.
No hablar del mar es dejar pasar una de las mayores
oportunidades que tiene el Perú. Y lo más grave es que esto refleja una
política desconectada de la realidad y de lo que realmente puede impulsar el
crecimiento del país.
Desde una perspectiva de proyección política, especialmente
considerando el rol que podría asumir el Senado de la República —con mayor peso
incluso que la propia Presidencia—, el panorama resultaría preocupante. Los
movimientos que probablemente tendrán influencia decisiva, como el Fujimorismo
y Renovación Popular, ya han tenido presencia en el Congreso y no han
demostrado un interés real por impulsar una agenda vinculada a los intereses
marítimos del país.
Todo indica que esta situación continuará por el mismo
camino: el mar seguirá ausente de las prioridades políticas. Y, más aún, existe
el riesgo de que solo cobre relevancia cuando surjan iniciativas que puedan
afectar nuestros intereses, como una eventual firma de la Convención del Mar
(CONVEMAR), sin un debate profundo ni una visión estratégica de largo plazo.
Por otro lado, es conocida la relación existente entre estos
dos movimientos políticos —que tendrían un rol protagónico en el Senado— y las
Fuerzas Armadas. Sin necesidad de especular demasiado, es razonable prever que
la gobernanza marítima se mantendría en manos de quienes actualmente la
ejercen. En ese escenario, el mar continuaría siendo gestionado como un ámbito
casi separado, aunque formalmente dentro del propio Estado peruano.
Asimismo, una de las principales demandas de los Marinos
Mercantes —que el Sector Defensa deje la Escuela Nacional de Marina Mercante—
resultaría inviable, al menos en este periodo político (2026-2031),
considerando el respaldo político que el Senado podría tener de las Fuerzas
Armadas, siendo estas deliberantes.
Previendo los resultados en este nuevo capítulo de nuestra República,
se hace necesario seguir impulsando y posicionando los temas marítimos de
interés público en defensa de nuestros intereses marítimos, al menos mientras
la democracia y la libertad de opinión y expresión se mantengan vigentes.
UN PAÍS MARITIMO ES DIFERENTE A UN PAÍS NAVAL
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