Como cadete mercante, al culminar el primer viaje de crucero de instrucción y retornar a la Escuela Nacional de Marina Mercante, se tomaba una de las decisiones más determinantes de la carrera profesional: la elección de la especialidad en la que se ejercería dentro de la marina mercante nacional. Esta elección se daba entre cubierta e ingeniería, ambas concebidas históricamente como trayectorias que exigen una formación académica rigurosa y, sobre todo, experiencia efectiva a bordo de barcos mercantes.
Sin embargo, con el paso de los años, los embarques de
instrucción comenzaron a escasear progresivamente. Esta realidad obligó a
numerosos cadetes y a universitarios que cursan la carrera marítima mercante, a
elegir una especialidad sin haber tenido contacto real y suficiente con la vida
a bordo de un barco mercante. Aun así, muchos lograron culminar sus estudios y,
con esfuerzo personal, acceder posteriormente a embarques profesionales,
construyendo su experiencia en condiciones cada vez más adversas y competitivas.
La formación del marino mercante no se limita a la
navegación o al manejo técnico de un barco. Las competencias que se adquieren
en el mar incluyen el conocimiento profundo y la aplicación práctica de los
convenios internacionales vinculados a la seguridad de la vida humana en el
mar, la prevención de la contaminación y el cumplimiento estricto de las normas
de la Organización Marítima Internacional. A ello se suman habilidades humanas
y profesionales que solo se desarrollan en el contexto del internamiento
prolongado, la convivencia multicultural y el alejamiento sostenido del entorno
familiar. Todo ello consolida al marino mercante como un profesional altamente
calificado, forjado en la experiencia y el sacrificio.
Quien haya conversado con un Capitán de Travesía o con un
Jefe de Máquinas —los máximos grados del escalafón mercante— sabe que se trata
de profesionales que han pasado gran parte de su vida en el mar. Son personas
que comprenden, desde la práctica cotidiana, lo que significa liderar
tripulaciones, tomar decisiones bajo presión, gestionar emergencias reales y
enfrentar inspecciones técnicas permanentes y cada vez más exigentes.
Pese a esta realidad, en los últimos años se han emitido
normas que, — por desconocimiento social, por el ejercicio discrecional del
poder o por la influencia de intereses particulares— prescinden de esta
experiencia acumulada. Estas disposiciones han abierto la puerta a mecanismos
de homologación de grados mediante los cuales oficiales en retiro de la Marina
de Guerra, con algunos cursos complementarios y sin haber desarrollado las
competencias propias de la navegación mercante, acceden a los títulos de Capitán
de Travesía y/o Jefe de Máquinas. Se trata de una equiparación formal que
desconoce que dichas competencias solo se adquieren tras años de servicio
efectivo en barcos mercantes, enfrentando las condiciones reales del comercio
marítimo internacional.
Artículo 354, Reglamento del DL 1147, en la que se indica quienes son Oficiales de la Marina Mercante Nacional y en la que se incluye a Marinos de Guerra en Retiro.
Este proceso no solo desvaloriza la carrera del marino
mercante, sino que erosiona la lógica misma de la profesionalización marítima.
Por ello, resulta imprescindible revisar de manera urgente este marco
normativo, restituir el valor de la experiencia y devolver a los Capitanes de
Travesía, a los Jefes de Máquinas y a toda la marina mercante el reconocimiento
que corresponde a carreras construidas a lo largo de años de esfuerzo. Solo así
el Estado podrá fortalecer una verdadera gobernanza marítima y asumirse, con
coherencia y responsabilidad, como un auténtico país marítimo.
Normativa del Reglamento
del DL 1147 que debe ser derogada para restablecer la dignidad de los
profesionales de la Marina Mercante Nacional Peruana.

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