viernes, 20 de marzo de 2026

ME EQUIVOQUÉ DE PROFESIÓN: DEBÍ SER MARINO MERCANTE

Cuando la vocación se distorsiona y las instituciones permiten que funciones especializadas sean ocupadas sin la formación correspondiente


Cuando se tiene entre 15 y 17 años, la mayoría de los peruanos nos hemos visto —y aún nos vemos— en la posición de elegir una carrera profesional con la que aspiramos a alcanzar desarrollo personal, económico y social. Sin embargo, en esa etapa, muchas veces sin plena conciencia ni información suficiente, terminamos tomando una decisión que marcará profundamente nuestro futuro y definirá, en gran medida, el rumbo de nuestra vida.

Tomar la decisión de la profesión a seguir sin conciencia y sin conocimiento refleja una falla estructural del sistema educativo peruano, que traslada a los adolescentes la responsabilidad de tomar una decisión trascendental sin brindarles herramientas reales de orientación vocacional, información adecuada sobre el mercado laboral ni una formación integral que les permita comprender sus propias aptitudes. Como consecuencia, hoy muchos profesionales peruanos se ven obligados a trabajar en áreas distintas a su formación, sin vocación ni desarrollo pleno. Diversas estimaciones indican que alrededor del 52% de profesionales en el Perú no ejerce la carrera que estudió, principalmente por falta de oportunidades.

Dentro de este contexto, se observa este problema en el sector marítimo: en el caso de oficiales de la Marina de Guerra que pasan al retiro, es legítimo y natural que busquen oportunidades laborales en el ámbito marítimo mercante. Sin embargo, lo cuestionable no es la transición individual, sino la normativa que distorsiona la equidad profesional. Normativa que permite la homologación de competencias y títulos que no necesariamente corresponden a la formación propia de la marina mercante, evidencia plasmada en el marco normativo del Decreto Legislativo 1147; además de las posibles relaciones interpersonales e interinstitucionales, de los miembros de una misma institución entrando en una relación de ser juez y parte.

En esa misma línea, la asignación de la administración de la Autoridad Marítima y de Capitanías a la Marina de Guerra generaría un escenario en el que oficiales en actividad desempeñen labores que corresponden al ámbito de la marina mercante, saliendo —desde nuestra perspectiva— de su rol principal de defensa. Esto no solo generaría confusión institucional, sino también debilitaría la especialización técnica requerida en el sector marítimo mercante. Con respaldo legal por desconocimiento del Estado.

Por otro lado, se observaría la formación de agrupaciones o comunidades vinculadas a la marina mercante integradas por oficiales no mercantes, en estricto sentido, que no han seguido la carrera formativa propia de dicho sector.

Hoy en día, la creciente presencia de oficiales de la Marina de Guerra —en actividad o en retiro— en funciones propias de la marina mercante nacional abre un debate de fondo: no solo sobre la correcta asignación de roles dentro del Estado, sino también sobre las consecuencias de un sistema que, desde sus bases, no garantiza decisiones vocacionales informadas ni trayectorias profesionales coherentes.

Bajo este contexto, pareciera que muchos se equivocaron de profesión y debieron haber estudiado en la Marina Mercante.

UN PAÍS MARÍTIMO ES DIFERENTE A UN PAÍS NAVAL


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