En los últimos años he aprendido que,
para alcanzar el desarrollo personal y profesional debemos contar con tres
pilares, estos son el CAPITAL INTELECTUAL que está determinado por los
conocimientos, teorías y filosofías adquiridas en la academia o a través del
hábito de la lectura; el CAPITAL RELACIONAL formado por los círculos sociales y
por la capacidad de entendimiento de aceptar que la humanidad es compleja y
está formada por diferentes culturas; y el CAPITAL HUMANO representados por
nuestros valores, virtudes y principios; y si logramos interiorizar estos tres
capitales y los afianzamos de hecho llegaremos lejos, y si sólo uno de ellos no
está bien cimentado nos encontraremos con barreras difíciles de cruzar.
Los continuos cambios a los que
estamos sometidos debido a las nuevas tecnologías, a las exigencias de los
mercados que nos enfrasca en la producción y el mercantilismo, a las
estructuras mentales de nuestros jóvenes y niños que tienen toda la información
a la mano, y otros, han hecho que la velocidad de la forma de vida que llevamos
sea más rápida que la adaptación de los conocimientos a la realidad, quedando
estos obsoletos o se conviertan en simple retórica. De allí la necesidad de las
sociedades de intervenir en una educación de formación por competencias; es
decir, de generar habilidades en nuestras futuras generaciones de profesionales
para que sin perder tiempo, el conocimiento adquirido se convierta en un simple
“chasquido de dedos” en una competencia. Pero no será que ¿debemos ver primero
la realidad y esta convertirla en conocimiento? y ¿debemos adaptarnos a estos
nuevos conocimientos?-
La formación profesional ya no
solo se adopta en las aulas, esta se da en todos los medios donde nos desenvolvemos,
(ver Fundación Telefónica para la Educación); no podemos exigir a nuestros
alumnos que interioricen rápidamente las teorías que se imparten en las aulas cuando
éstas no guardan relación con las vivencias diarias fuera de ellas. La
formación de competencias va más allá de simples cursos o talleres, la
formación de competencias va con la formación de una nueva cultura, una cultura
universal.
Quiero tomar como ejemplo la formación
por competencias de una nueva cultura universal que se ha formado, la de los
MARINOS MERCANTES, la estandarización del perfil profesional mercante es
global, y esta ha sido inducida por la Organización Marítima Internacional
(OMI) a través del Convenio de Certificación y Titulación de Gente de Mar
(STCW) para poder contar con un transporte marítimo seguro; esta nueva
cultura ha sido afectada por los cambios globales expuestas líneas arriba y ha
llevado a la OMI a dar nuevas recomendaciones a las Administraciones según la Enmienda de Manila del 2010 para la interiorización
de nuevas competencias.
Para poder tener un buen
desarrollo profesional mercante debemos fundar las competencias en los tres
pilares expuestos en el primer párrafo, y los nuevos profesionales mercantes
deberían desarrollar las COMPETENCIAS INTELECTUALES basada en los conocimientos
técnicos de las operaciones de las naves mercantes, interiorizar una identidad
mercante, respeto y conocimiento de los Convenios Marítimos pues sin ellos no
habría un transporte marítimo seguro, el dominio del idioma universal (inglés)
si bien en una tripulación se puede hablar otro idioma que puede ser el de
bandera, siempre estamos en contacto con personal de diferentes puertos que
hablan un idioma diferente al de bandera del buque: desarrollar también las
COMPETENCIAS RELACIONALES generando un ambiente positivo a bordo de las naves
mercantes, dado que las condiciones de trabajo alejados de las familias y una
vida errante en el mar genera estrés y se hace necesario una buena convivencia;
no sólo entender que tenemos oportunidad de trabajar en un mismo barco con
colegas de otras nacionalidades y culturas sino que debemos respetarlas y saber
de ellas. La profesión del Marino Mercante es una de las pocas profesiones
donde nuestra cultura es universal; y por último desarrollar las COMPETENCIAS HUMANAS
representadas por nuestros valores, principios y virtudes, si bien se puede inferir
que estas no son competencias dado que son propias del ser humano no debemos
entenderlas como tales, dado que al interactuar con muchas culturas muchos de
nuestros principios, valores y virtudes para otras culturas no los pueden ser y
debemos contar con la capacidad para poder adaptarnos sin afectar las
relaciones interpersonales.
Los marinos mercantes estamos forjados
para enfrentarnos a cualquier cambio y estoy seguro que sabremos asumir los
nuevos retos del comercio marítimo porque somos una nueva cultura UNA CULTURA
MARÍTIMA
POR UNA MARINA MERCANTE FUERTE Y
PODEROSA
Comentarios sujetos a debate, no
soy dueño de la absoluta verdad.
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