viernes, 30 de enero de 2026

DEMOCRATIZAR LA GOBERNANZA MARITIMA: UNA REFORMA IMPOSTERGABLE

Cuando se habla de asuntos marítimos, la sociedad peruana suele asociar cualquier actividad vinculada al mar con la Marina de Guerra del Perú. Esta percepción no es casual. En algún punto de nuestra historia marítima, como país, empezamos a darle la espalda al mar, permitiendo que la comprensión integral de sus múltiples dimensiones —económicas, sociales, productivas y culturales— quedara reducida a una visión predominantemente militar.

Sin embargo, el propio marco constitucional establece límites claros. La Constitución Política del Perú señala en su artículo 165 que las Fuerzas Armadas tienen como finalidad primordial garantizar la independencia, la soberanía y la integridad territorial de la República. A su vez, el artículo 169 dispone que no son deliberantes y están subordinadas al poder constitucional. Esta disposición no es meramente declarativa: el Tribunal Constitucional, en el Expediente N.° 0017-2003-AI/TC, precisa, en su fundamento jurídico 52, que dicha subordinación asegura no solo la neutralidad y objetividad, sino también la “apoliticidad” de los institutos castrenses. Más aún, en su fundamento jurídico 53, se establece que un militar o policía en situación de actividad no puede asumir cargos políticos.

En la misma línea, la Ley N.° 29075, que regula la naturaleza jurídica, funciones y competencias del Ministerio de Defensa, faculta a las Fuerzas Armadas a intervenir en ámbitos militares y no militares únicamente dentro del marco de la política de seguridad y defensa nacional. No se desprende de esta norma un mandato, a la Marina de Guerra, para liderar o concentrar la conducción de los asuntos marítimos del país. Asuntos que deberían estar bajo la dirección de la sociedad civil.

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Bajo este contexto legal, resulta necesario plantear una reasignación de la Autoridad Marítima hacia autoridades provenientes de los actores marítimos de la sociedad civil, así como una revisión del rol asignado al Servicio de Guardacostas. Esta propuesta no responde a una postura ideológica, sino a una necesidad estructural: democratizar la gobernanza marítima del Perú.

La Autoridad Marítima, por su propia naturaleza funcional, participa en espacios de toma de decisiones de carácter político, tanto a nivel nacional como internacional. Su participación en eventos y votaciones en la Organización Marítima Internacional y en otros organismos derivados de convenios suscritos por el Perú evidencia que no se trata únicamente de una función técnica, sino también política.

A pesar de ello, se ha pretendido justificar este rol mediante el Decreto Supremo N.° 012-2019-DE, que aprueba la Política Nacional Marítima en la que indica haber asignado a la Marina de Guerra la función de “participar en política exterior” (artículo G, punto 4). Sin embargo, no se encuentra sustento constitucional que avale esta atribución, más aún cuando el propio Tribunal Constitucional ha señalado con claridad que las Fuerzas Armadas no pueden participar en política.

En lo particular, la Política Nacional Marítima evidencia profundas inconsistencias. La reciente formulación de una política nacional pesquera, el desarrollo portuario siguiendo una ruta independiente y el poco apoyo a las disciplinas deportivas marítimas demuestran que dicha política carece de coherencia sistémica. En consecuencia, esta norma debería ser revisada y derogada por su carácter anticonstitucional.

La gobernanza y la economía política han demostrado que la concentración de funciones públicas en un mismo órgano del Estado genera condiciones estructurales propicias para la corrupción y el abuso de poder (Klitgaard, 1988). Por ello, resulta necesario y urgente analizar y reformular la legislación que mantiene dentro de la estructura de la Defensa Nacional competencias, que no deberían formar parte, de la gobernanza marítima.

Si no damos el paso hacia la democratización de la gobernanza marítima, pronto podríamos ver una expansión injustificada de atribuciones castrenses hacia otros ámbitos, como el transporte terrestre, replicando el mismo modelo de concentración de poder.

Finalmente, a los actores marítimos que permanecen en el status quo; entre brindis con champagne, pisco sour, almuerzos y cenas de reconocimiento, deben comprender que democratizar la gobernanza marítima no es una amenaza, sino una condición necesaria para impulsar verdaderamente los intereses marítimos del país y convertir al Perú en una auténtica nación marítima.

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viernes, 23 de enero de 2026

PUERTO ETEN – UN SUEÑO QUE LOS LAMBAYECANOS MERECEMOS VER HECHO REALIDAD

Los antiguos habitantes de la región Lambayeque se caracterizaron por su dominio del mar, tanto en la pesca como en el comercio marítimo. Se tiene la teoría de que comercializaron con culturas marítimas apostadas en las costas del Pacífico; más aún, según las teorías del investigador Gavin Menzies (2010), se puede indicar que las costas lambayecanas fueron posiblemente visitadas por navegantes chinos.

Con el paso del tiempo, el comercio marítimo en la región se vio alcanzado por nuevas formas de civilización, hasta llegar a contar con puertos importantes de la época, como el puerto de Pimentel, desde donde salía el azúcar producida en la región. Asimismo, el Terminal Portuario de Eten, donde se descarga el combustible necesario para la región.

La transformación del comercio marítimo con la llegada de los contenedores dejó a la región Lambayeque, sin un terminal portuario a la altura de lo que requiere la logística internacional, lo que convirtió en un sueño para todos los lambayecanos: contar con un puerto de envergadura mundial.

Hoy, gracias al esfuerzo de muchos lambayecanos y al trabajo de dos marinos mercantes (entre otros), el sueño de contar con un terminal marítimo a la altura de las exigencias de la logística mundial —el Puerto de Eten— está a puertas de ser una realidad.

Como lambayecano, deseo tener la dicha de ver pronto arribar un barco mercante cargando los primeros contenedores y tener al Puerto de Eten como puerta del Corredor Bioceánico del Norte del Perú, eje multimodal estratégico (carreteras, puertos e hidrovías) que conecta el Pacífico con Brasil.

Los lambayecanos tenemos en nuestros genes el dominio marítimo de los antiguos habitantes de la región, por lo que esto no debe ser algo nuevo, sino algo que merecemos.

Agradecimientos:

A Juan Carlos Paz Cárdenas (ex presidente de la APN y oficial de la Marina Mercante Nacional, a quien conozco desde la época de cadete en la Escuela de la Marina Mercante, amigo con quien no comulgo políticamente, un gran profesional) Gracias por el trabajo que has venido, y vienes, haciendo por el Proyecto del Puerto de Eten.

A Jorge Contreras Rivas (presidente de la Autoridad Portuaria Regional de Lambayeque, oficial de la Marina Mercante Nacional, con quien tuve la dicha de navegar en buques petroleros; amigo, gran profesional y lambayecano, y que en este caso sí eres profeta en tu tierra: “Puerto de Eten”). Gracias, Jorge, por trabajar y hacer pronto realidad el sueño lambayecano.

 

miércoles, 21 de enero de 2026

ENTRE BASES NAVALES Y LA DESESPERANZA

El anuncio de la modernización de la Base Naval del Callao por el gobierno de Estados Unidos, bajo la modalidad de un programa de transferencia de tecnología con presupuesto nacional, ha elevado el orgullo de quienes mantienen un sentido nacionalista y militarista; por otro lado, ha generado el cuestionamiento de quienes consideran que se trata de una intervención con pérdida de soberanía.

Las Fuerzas Armadas deben modernizarse. No soy experto en temas militares, pero, haciendo un análisis breve, sería bueno considerar la descentralización de la Base Naval en tres bases a lo largo de nuestra costa: una al norte, otra al centro y la tercera al sur. De esta manera, ante cualquier eventualidad, se tendría una respuesta rápida desde cualquier punto. Debemos recordar que no solo debemos proteger nuestro mar territorial de 200 millas, sino que también debemos, de alguna manera, cumplir con la respuesta de apoyo y salvataje marítimo hasta las 3,000 millas, de las cuales el Perú se ha comprometido, asumiendo la responsabilidad sobre la NAVAREA XVI. Esta descentralización de la Base Naval dejaría libre una gran área de terreno en el Callao para la logística portuaria que tanto se requiere. O acaso, ¿habría algún interés de alguna cofradía para seguir tugurizando el Callao y que el Puerto de Chancay sea la alternativa perfecta?

Por otro lado, la inversión de US$ 1,500 millones, sumados a los US$ 3,000 millones para los aviones, evidencia la contradicción de nuestro país. Como Estado, no se han establecido prioridades.

Desde mi postura como ciudadano, sugiero, pido y exijo que se revisen las prioridades en las inversiones. No puede ser que se invierta en la modernización de la Base Naval, y se siga ignorando la atención en salud de los ciudadanos. ¿Acaso somos “peruanos baratos”? ¿No miran las carencias básicas que tenemos? ¿Cuántos hospitales se podrían construir? Soy testigo de ver a muchos ciudadanos de provincias que vienen a Lima por una cita médica: gente formando colas que duran meses por un examen en un tomógrafo malogrado, personas haciendo colectas de diez soles en diez soles para poder cubrir una medicina. Creo que seguir es comentar algo que todo el mundo ve, pero calla. Todo esto debilita el buen carácter del pueblo.

Sigámonos sintiendo orgullosos de tener una Base Naval moderna, mientras crece la desesperanza de los “peruanos baratos” que luchan por un sistema de salud que linda con la muerte.

No hay base naval que valga si no se tiene un buen carácter del pueblo.

sábado, 17 de enero de 2026

LA PIMERA MUJER ALMIRANTE DEL PERÚ

De acuerdo con los tiempos en que se aperturó el ingreso de mujeres a las escuelas militares para su formación castrense, debemos estar a puertas de tener una mujer como Almirante de nuestra gloriosa Marina de Guerra del Perú.

Puede ser una mujer de sangre arequipeña, de sangre limeña o de sangre chiclayana; apelando a la oración del Papa León XIV, que nos haga sentir aún más orgullosos a los lambayecanos, sangre norteña que recorre mis venas.

Quien logre por primera vez este grado quedará grabada en la historia de nuestro país. Este logro no debe ser visto como un tema de inclusión, sino como una normalización: ver mujeres en los más altos rangos castrenses marítimos. Debemos empezar a escribir el fin de la construcción de esta república inconclusa llamada Perú.

Aunque la emoción me sobrecoja, creo que nuestra querida Patria seguirá como una república inconclusa, esperando que se cierren heridas.

Al revisar la historia de la Marina de los Estados Unidos, leí la biografía de Samuel Lee Gravely Jr., el primer afroamericano en servir a bordo de un buque de guerra y en retirarse como Vicealmirante de la armada estadounidense. Me pregunto: ¿tendremos la oportunidad de ver a un almirante afroamericano en nuestra Marina de Guerra del Perú? Siendo un país con una genética racista y clasista, me cuesta afirmar que lograremos ver a un almirante afroamericano, al menos yo, en esta vida.

No se trata de inclusión, sino de NO exclusión. Como república, desde sus inicios nos ha costado (y nos sigue costando) que las poblaciones indígenas sean parte plena de nuestra patria, porque como nación independiente nacimos al revés: nacimos de una república criolla, cuando quizá debimos nacer de una república indígena. Hoy, a 200 años, hablamos de indigenismo; quizá pasen 200 años más para poder hablar de afroamericanismo como parte de nuestra nación —o de las naciones que habitamos esta hermosa tierra—. Quizá dentro de 200 años hablemos con normalidad del indigenismo, del afroamericanismo y de otros “ismos”, sin esa gota o torrente de clasismo o racismo.

A la primera mujer Almirante que formará parte de la cúpula de la gobernanza marítima en el Perú, le deseamos nuestro mejor augurio y le pedimos que entienda que en el mar no solo hay marinos de guerra, sino que también existen otros hombres y mujeres de mar que engrandecen nuestra patria.